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Datos de la expedición de Marce Ettolitre

Nombre Completo: Marce Ettolitre
Fecha de Inicio: 2/1/2004
Tipo Expedición: Expedicion a la Cumbre
Cantidad de días: 15

Día 1 (2/1/2004)

LA GRAN AVENTURA - ACONCAGUA 2001 Esta historia comienza allá por julio o agosto de 99¨ cuando nos encontrábamos en un cerro de nuestra amada montaña. Era de noche y estábamos en un refugio guarecidos de una intensa nevada, entre charlas y relatos típicos de montaña, decidimos llevar a cabo el sueño de nuestras vidas, que era subir ese cerro que tantas veces habíamos visto desde lejos “ el aconcagua “. A sí es que investigamos, estudiamos nos entrenamos y en enero del 2000 con la llegada del nuevo milenio Walter Montivero, Hugo Pozo, Mauricio Moyano, Mario Ibaceta y el que relata Marcelo Ettolitre, de la mano de Gonzalo Del Agnola intentamos la gran aventura con un resultado mas que satisfactorio, llegamos hasta el refugio independencia a 6400 m. Todo estuvo muy bien, fue una experiencia más que alucinante, pero...lejos de quedar realizados nos aceleramos mas. Nadie hablaba mucho del tema pero estábamos todos muy motivados y con ganas de intentarlo otra vez.

Alguien rompió el silencio y propuso una nueva aventura, por supuesto ninguno se hizo rogar programando la expedición para enero del 2001, esta vez el entrenamiento fue en serio y la logística a conciencia, culminando en diciembre con la cumbre del cerro Plata 6300 m, escalón previo al objetivo. Ya estaba todo listo, equipos chequeados, licencias en nuestros trabajos, cuerpos acondicionados y nuestras vidas acomodadas, preparados para partir hacia esa ilusión gestada casi un año atrás, sin cometer los mismos errores de la vez anterior y con una experiencia muy importante a cuesta. Así es que después de reyes, con algunas ausencias justificadas: Hugo (abogado), alias “cepillo”, Mario (empleado de Vialidad) fanático de la fotografía, el porteño colado Rodrigo (cocinero profesional) alias “flecha veloz” y yo (vendedor de computadoras) esta vez guiados por Horacio Cunietti, partimos hacia el cerro mas alto de América.

Comienza esta aventura el día 7 por la mañana cuando muy temprano suena el despertador y se mezclan emociones de despedidas, ansiedad, temor, adrenalina y algo mas, quizás el combustible necesario para encender la maquina y subir. Ya en confluencia a tres horas de marcha desde horcones pese al frío y fuerte viento estábamos muy bien de animo y enchufados.

Comimos abundante, tomamos jugos y descansamos, dándole más atención a “flecha” que no se sentía muy bien. En la mañana después de un fuerte desayuno salimos con rumbo a Plaza Francia (pared sur) con el objetivo de aclimatar un poco. Ya sobre el medio día estábamos en la base de la pared de casi tres mil metros de hielo y roca. Nos encontramos con un campamento de mexicanos que le prestaban apoyo a dos compañeros que estaban colgados allá arriba en el gran glaciar superior. Se veían como dos puntitos en esa inmensidad blanca, nos quedamos paralizados observando tanta técnica y coraje, casi demencial !. Nuestro guía, hombre muy experimentado y profesional del tema intercambiaba comentarios con los mexicanos. Nos pasamos la tarde con ellos, tomamos, comimos algo sacamos fotos y con la promesa de volver a vernos, retornamos a nuestro campamento en confluencia para descansar ya que nos esperaba un largo día hasta plaza de mulas.

Era entrada la tarde, hacia mucho frío y el viento nos había azotado de frente y a lo largo de más de veinte km, cuando por fin, superada la “cuesta brava” vemos las carpas multicolores de “mulas”, nuestro hogar por los próximos tres o cuatro días. Muy cansados y con un hambre voraz nos recibe Víctor Herrera, - personaje de colección -, era nuestro anfitrión, y prestador de servicios, maneja el transporte de mulas y da de comer a los andinistas. Don Víctor nos presenta a sus colaboradores que por lo general son estudiantes de la escuela de guía, el “largo” y la “peti” Silvina, ellos son muy amables y serviciales, nos preparan una picada y té caliente, luego una buena cena y por último a dormir, nos esperaban días duros de aclimatación. Los siguientes dos días pasaron entre caminatas al glaciar horcones, fotos, comidas y un porteo a Nido de Cóndores (5400 m), todo listo para empezar a trepar, motivados y ansiosos. El plan a seguir era Plaza Canadá, Nido, Berlín y a la cumbre.

Día 15, ya en Berlín la emoción y la tensión era grande, habíamos pasado varios días juntos superando dolores de cabezas, náuseas y otros síntomas de aclimatación. Todo ello sumado al cansancio que se hacía notar, pero estábamos enteros, el equipo se había afianzado y nos sentíamos muy unidos. Ya estábamos soñando con abrazar la cumbre. El día previo nos hidratamos bien, las comidas abundaban en hidratos de carbono y grasas, había que estar en forma. En la sobre mesa de la cena, Horacio nos alentó dándonos fuerza y tranquilidad. A las cuatro de la mañana salíamos, había que ganarle a las nubes que todos los días cubrían la cumbre cerca del medio día. Nos quedan pocas horas para intentar dormir y relajarse, iba a ser un día muy largo...

Día 16, 4:15 AM., con una luna espectacular comenzábamos a transitar los senderos hacia la cima, apagamos las linternas, hacemos un alto en el refugio independencia (6400 m), amanecía, el termómetro marcaba –18°c, pies y manos empezaban a congelarse y parecía que nuestros cerebros también, ya no se pensaba con claridad, la altura y el cansancio se sentían cada vez más.

Luego de superar la interminable travesía nos encontrábamos en el pie de la famosa “canaleta”, al final de ésta, el filo hacia la cumbre. Es necesario hacer un alto, momento clave de la expedición donde la fuerza mental debe superar a las piernas, comienzan los pensamientos malignos como que hago acá ¿, no voy a poder ¡ me duele esto o aquello, el guía lo sabe y nos pide tranquilidad y fuerza, ¡ ya la tenemos ¡ nos dice, el “mito” esta ahí frente a nosotros, el morro de la cumbre se recorta en el cielo azul oscuro.

Estamos en el medio de la gran “canaleta” (6700 m), hace mucho frío, comienzan a llegar las nubes, falta el oxigeno y se avanza lento, Horacio y yo nos adelantamos un poco. Muy cerca se ve el filo que nos catapulta hacia el final, parece imposible pero ¡ estamos llegando ¡ podemos ver gente allá arriba, son unos brasileros muy fuertes que salieron con nosotros. Horacio se adelanta, me alienta gritándome, faltan veinte metros, estoy muy emocionado, debo parar a tomar aire... Por fin veo la cruz tan soñada. Ya mas relajado... miro el paisaje, es mas imponente de lo que esperaba, la pared sur asoma desde el filo del guanaco al final el abismo. Grandes montañas y valles quedaron abajo, desde Ushuaia a Alaska.

Es maravilloso! pero lejos de sentir soberbia me invade un sentimiento de pequeñez ante tanta grandeza y perfección. Son las 13:30 y el cielo se cierra descargando una gran nevada, el resto de grupo esta por llegar, le gritamos cosas cómicas y palabras de aliento, ya lo logran ¡ por fin todos en la cumbre.

Los abrazos y las lágrimas no terminaban nunca, la experiencia era muy fuerte, cada uno de nosotros la vivió a su manera. Para algunos quizás fue una revancha deportiva o tal vez una superación personal, otros se la dedicarían a sus seres queridos o algún gran amor, nadie lo sabe, pero de algo si estoy seguro, se vivió intensamente y lo llevaremos grabado por siempre.

La gente pregunta que se siente estar en la cumbre?, la respuesta la tendrá cada uno que la haya logrado, pero sin duda se siente satisfacción y alegría. Es una actividad solitaria, no hay publico que te aplauda o victoree, conquistar una montaña es definitivamente una victoria personal, sin olvidar que es ella la que te lo permite. Ya dejamos atrás “esta gran aventura” vendrán asados, intercambios de fotos y anécdotas. El “centinela de piedra” seguirá ahí, inmutable, desafiante, esperando a otros andinistas con las mismas ilusiones que nosotros tuvimos para conquistarla ¡ ojalá lo logren ¡... Marcelo Ettolitre

Día 2 (2/2/2004)

VOY POR TERCERA VEZ Pasaron tres años de aquella gloriosa cumbre, y mi cabeza, lejos de olvidarla quería renovar aquella vivencia estremecedora. A si es que nuevamente empecé a soñar con volver a subir el “coloso”. Sueño que se empezaba a materializar en entrenamientos, búsqueda de información, reuniones con gente de montaña, acomodamientos de horarios y tantas cosas mas que hacen a la logística de semejante proyecto – escalar el Aconcagua – Mi amigo guía “El Turco Mir” me dijo… ¡espero que esta vez te vengas con nosotros! es un guía muy experimentado, ahora prestador de servicios, nos conocemos desde los 17 años, vivimos muchas experiencias juntos y no había razón para decirle que no. Febrero del 2004 sería la fecha, sin compañeros definidos me iría con algún grupo armado que tuviera el Turco. Pero había algo… mi cabeza se dividía entre la pasión que generaba la montaña con un proyecto así y mi “viejita” la cuál desde hace años sufría de la cruel enfermedad de Alzeimer.

Los primeros días de agosto mi “mami” pudo descansar en paz. Todo cambiaba, se cerraban proyectos y se abrían otros y en el medio “El aconcagua” que parecía mas lejos y mas alto que nunca.

En víspera de año nuevo y con el apoyo incondicional de mi familia retomo la idea de hacer la expedición. El tiempo apremiaba, solo faltaba un mes y días para entrenarme y preparar todo. Fuertemente motivado y con el apoyo de amigos, empecé un plan casero de acondicionamiento físico, trotaba y caminaba a todos lados, mucha “bici” y “cerro Arco”.

Mas ganas y corazón que entrenamiento pero ya estaba “jugado” la fecha se venía y estaba muy ansioso. Unos días antes conozco a mis compañeros de expedición, dos guías “gallegos” que venían a intentar hacer cumbre, motivados por lo que representaba para ellos una montaña tan importante en su currículum, y cuatro Cordobeses bien entrenados pero con cerros muy bajos en su haber. Mi amigo “el Turco” no era de la partida, ahora como prestador de servicio y empresario tenía que cuidar intereses por lo tanto desde su base en “penitentes” manejaría la logística. Nos presenta a “Nacho” que sería nuestro guía. En el Hostel que están alojados “Nacho” improvisa una charla para conocernos y definir los pasos a seguir en los próximos 15 días, tiempo promedio de la expedición.

Febrero 9 10:00 am partimos hacia “Penitentes” pasamos el día organizando las cargas que llevarían las mulas, haciendo algo de turismo y calentando un poco nuestros cuerpos al sol, “astro” que veríamos muy poco en los próximos días.

Día 10: Confluencia, nubes que entran y salen, temperatura muy alta para el lugar. Se desata una tormenta de granizo y lluvia tropical, algo muy extraño “jamás llueve” comentan los entendidos… pero ahí estaba esa tormenta mojándolo todo. Como estaba previsto hacemos el treaking a “Plaza Francia” la majestuosa pared sur se mostraba entre nubes ante la mirada atónita de mis compañeros. Las preguntas y comentarios a cerca de tanta belleza, me la hacían a “mí” haciéndome sentir un veterano de esos lugares. A medida que nos acercábamos al lugar denominado “mirador” vemos mulas y gente, con emoción unos guarda parques nos dicen que eran unos franceses que venían a conmemorar los 50 años de su ascenso por la pared sur, o sea… eran los que habían abierto y dado el nombre a la difícil “ruta Francesa” tenían mas de 70 años, era increíble verlos ahí, enteros y emocionados recordando esa epopeya. Imaginemos lo que habrá sido escalar la “sur” sin equipos, con ropas pesadas y zapatos de cuero, derretir hielo con calentadores a bencina colgados en plataformas precarias… admirables. Pasamos tres días en “Confluencia”, esperando un cielo azul para partir hacia “Plaza de Mulas”.

Día 13: mas de siete horas de dura caminata hasta tomar la “cuesta brava” y de ahí una larga hora a “Mulas”, - la recompensa – nos recibe ClauDía, esposa de mi amigo con té caliente, jugos y una fuerte merienda. Los próximos dos días se me pasan rápido, saludando gente amiga tomando algo de sol y tratando que mis glóbulos rojos se multipliquen, voy a necesitar cada molécula de oxigeno para aclimatar bien. Para el resto del equipo todo era nuevo, visitas al glaciar Horcones, practicas en el hielo con grampones y piqueta, fotos y mas fotos. La motivación se hacía sentir y entre charlas de sobre mesas se daba forma a una fuerte amistad e integración.

Día 16: comienzan los porteos de provisiones al campo 2 y 3, algunos miembros del equipo sienten los efectos de la altura – llegar a “Nido de Cóndores” fue duro, es un día clave en la expedición se sube con mucho peso de los 4200 a los 5000mt. Lina (geóloga de 50 años y Rafael de Valencia) dicen basta, con claros síntomas de MAM (mal agudo de montaña)toman la sana decisión de quedarse en “Mulas” el resto de nosotros descansaremos, nos hidrataremos y comeremos mucho, se viene el gran ascenso.

Día 17 y 18: el mal tiempo nos impide subir al campo 2, vientos de mas de 100 km y mucho frío (15 bajo cero) hacen imposible salir de nuestras tiendas, los nervios y la impaciencia juegan un rol importante, la montaña nos hace saber que no se doblegará fácilmente. En la larga espera se necesita mucha motivación y fortaleza mental para no desistir. Ya me paso antes… contemplando esa inmensa mole de roca y hielo siento que me observa “que tiene vida” me invade una sensación difícil de describir, pero es como si me estaría dejando pisarla y hasta vencerla siempre que la cuide y no le falte el respeto.

Día 19: logramos llegar a “Plaza Canadá” (campo 2) rápidamente montamos las tiendas un cielo gris plomo intimidaba, el plan era partir al otro día hacia “Nido de Cóndores” (campo 3) al caer la tarde comienzo a nevar intensamente. Se acuerda esperar un día mas esperando que mejore el tiempo, decisión que me vino muy bien, había estado muy descompuesto con vómitos y algo de fiebre. Uno de mis compañeros, Adolfo, (médico) me da algunas pastillas, puede ser síntomas de MAM (mal agudo de montaña) mi situación es crítica, si paso bien la noche sigo, si no, se termina todo para mí. Por suerte me levanto como nuevo, quizás fue el cansancio o alguna comida, el caso es que “se hizo la luz” y pude continuar.

Día 21: “Nido de Cóndores” estaba superado al medio día. Nuevamente armamos las tiendas, recogemos las provisiones porteadas con anterioridad. El plan era descansar, comer bien, hidratarse y planificar el ascenso a “Berlín”.

Día 22 El tiempo nos da un respiro y partimos hacia la cota de los 6000 mt. (campo 4) ahí la cosa ya es seria, el cuerpo siente la falta de oxigeno, el estado general se degrada, ya no hay recuperación posible, hay que estar fuerte o bajar… a esa instancia cualquier rescate se hace difícil. El grupo lo sabe, Adolfo (médico) y Javier (guía Español) deciden parar acá. Nacho, Jorge y yo decidimos seguir hasta el final.

Día 23: 5:00 am sin nubes y con mucho frío partimos hacia el objetivo 6.965 mt. 6:30 am la sombra de la cumbre dibuja figuras extrañas en cielo, a nuestros pies un manto destellante de nubes como algodón, hacia el noreste la cumbre del “Ameguino”.

A mediaa mañana nos encontrábamos en el “portezuelo del viento” que da comienzo a la larga y pesada travesía (6.500 mt) desde ahí el paisaje era majestuoso, al oeste “El Cuerno” y el sistema de glaciares del “Gudfeld” mas atrás el imponente “Mercedario” de San Juan y hacia abajo el peligroso “gran acarreo”, Plaza de Mulas” aparecía como puntitos de colores. En este lugar se toma conciencia de gran altura que estamos. Jorge dice basta, muy cansado prefiere volver al Campo 4, quedaba la gran canaleta antes de la cumbre. Hacemos un alto para tomar decisiones, solo quedábamos Nacho y yo, las nubes que subían con velocidad y la parte mas difícil por transitar. Y ahí estaba… como hace 3 años atrás, nuevamente cerca de la gloria, con la cumbre sobre mi cabeza, sin dudar comenzamos a subir la gran canaleta. Por debajo de la nieve el hielo, con grampones y piqueta en lugar de los bastones se asciende seguro pero algo lento.

Las nubes llegaron y un fuerte viento nos castiga de costado, las paradas para tomar aire eran cada cuatro o cinco pasos, estamos llegando al filo que nos dejará en la cima. 14:30 pm mas de 9 horas de ascenso y mucha adrenalina transpirada, últimos metros, ultimas piedras y una visión estremecedora, la gran pared sur asomando, pareciera venirse en cima de nosotros. La recompensa, una solitaria cruz de aluminio esperando ser fotografiada.

Nacho se comunica por radio con guarda parques ¡estamos en la cumbre! les dice… por segunda vez en mi vida estoy en el techo de América, me abrazo con mi compañero, de repente cesa el viento y se abre el cielo permitiéndonos disfrutar de esa gran emoción. Nuevamente sentí aquella sensación tan especial… ahí estábamos los dos solos parados en la cabeza de esa enorme montaña sin sentir miedo y con lágrimas en los ojos, confiados, inundándonos de tanta belleza. El ojo en la tormenta se cierra avisándonos que se nos acaba el permiso concedido. El viento blanco se intensifica, estoy muy cansado, al límite de mis fuerzas, mi cerebro parece estallar, descendemos unidos con una cuerda para darnos seguridad. A medida que bajamos de altitud siento alivio, convirtiendo el largo camino de regreso en un agradable treaking hacia “Berlín”.

Día 24: partimos hacia “Plaza de mulas” aprovecho cada metro, cada risco que atravieso, el haber estado antes me da esa posibilidad. Al llegar a “Mulas” ya era casi el fin de la temporada, la poca gente que queda nos reciben con vitoreo y abrazos, me siento muy alegre y orgulloso, entre en las “ligas mayores” dos cumbres no es para cualquiera… en la noche pese al cansancio voy al “Refugio Plaza de Mulas” (hotel) para saludar a mis amigos y llamar por teléfono a mi familia, me siento eufórico y con muchas ganas de volver para compartir mi alegría.

Día 25: El regreso a Penitentes… igual que al comienzo, el mal tiempo nos acompaña, nieve en lo alto y mucha lluvia llegando a Horcones. El “Turco” nos recibe en el puesto de guarda parques, un cafecito caliente y al transporte que nos traerá a casa. Para mí el fin de una exitosa expedición, para mis compañeros el compromiso de volver a terminar lo iniciado, para todos… una inolvidable experiencia, la magia del Aconcagua estará siempre, a la espera de quienes quieran adentrarse en ella. Marcelo Ettolitre

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